Pepe Yáñez: «Si no puedo escuchar música mientras pinto, tarareo»

Entrevista Luis Ybarra para ABC - 20/11/2019



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Pepe Yáñez tiene las manos manchadas de pintura y de flamenco. Si los escritores se enfrentan a la página en blanco y a la dificultad de explicar qué es una soleá o una bulería en unas líneas, él tiene la tarea imposible de retratar el movimiento y la hondura en una sola dimensión. Recolector de esencias, incansable cazador de detalles apenas perceptibles y creador de gesto humilde y pincel ligero, ha hecho el cartel del II Festival Flamenco Alalá, que se celebra este jueves 21 de noviembre en la Factoría Cultural del Polígono Sur. A ver qué es eso de atrapar un ayeo en un lienzo.



¿Cómo se pinta una voz?

Lo difícil de un retrato no es reflejar de una manera anatómica los rasgos, sino la mirada y la expresión. A la hora de reflejar algo que no tiene materia, como la voz, lo que hay que buscar es esa expresión. Es cuestión de transmitir sensaciones maleables con un lenguaje diferente.


¿Dónde aprendió a pintar?

Empecé a estudiar en Sevilla, pero en el 91 me fui a Nueva York. Después expuse allí y más tarde regresé con los pinceles aquí a Sevilla. Esta es mi vocación.

¿Cuándo empezó a interesarse por el flamenco?

Soy un intruso. En casi todas las casas andaluzas hemos escuchado flamenco, aunque sea de lejos. En la mía, mi madre es muy aficionada, incluso canta bastante bien, y ha habido algún guitarrista. Pero el punto de inflexión llegó al conocer a los artistas. Mario Maya me abrió los ojos hacia una música que hasta entonces era solo un telón de fondo. Ahora forma parte de mi vida.

¿Qué pintores le han inspirado?

La inspiración para crear la encuentro en lo que miro, oigo y percibo. La admiración o el interés de interpretar en el lenguaje plástico la emoción del flamenco me puede llegar de fuentes muy diversas. Admiro la pincelada cabal y serena de Pepe Basto, y también la videocreación de un artista joven como Patricio Hidalgo. La pintura es como el cante, entiende más de emociones que de timbres.

¿Es más de cante o de baile?

Al final, no dejan de ser distintas formas de canalizar una misma energía. Es una manera de comprender el mundo, por eso se habla de los flamencos en general. Desde el punto de vista plástico, obviamente, me interesa mucho el baile por la impronta que deja, por lo visual.

El carácter genuino del Polígono Sur debe ser inspirador para un artista, ¿no?

En las Tres Mil Viviendas hay una forma muy natural de relacionarse con este arte, que simplemente surge. Lo que dice mi admirado Emilio Caracafé de que aquí los niños aprenden el compás en la barriga de las madres es cierto. Por eso tiene una forma distinta de cantar que la que tiene Jerez o Utrera. Hay cosas que da el propio entorno. Ellos vienen de familias flamencas de barrios como Triana y tienen un sonido muy diferenciado.

¿Se trabaja mejor en la calle o en el estudio?

Yo dependo de la inspiración, de la necesidad de pintar. Hay momentos en los que tienes que buscar fuera y otros en los que tienes que transformar eso que has encontrado en reflexión, estudio de forma... Para pintar el flamenco, en mi caso, es necesaria la espontaneidad primera y un estudio después. La idea inmediata viene en el trabajo de campo: hay que vivir.

Dicen que este arte se disfruta en los detalles, usted llevará años buscándolos para plasmarlos.

Hay muchas horas de ensayo que te ayudan. Yo también he trabajado como productor de espectáculos, por ejemplo, de la Bienal. Cuando uno está cuatro horas viendo ensayar a gente a la que admira, percibe esos detalles que le van calando y que después debe transformar a un boceto y más tarde a un cuadro.

¿De dónde surge el cartel que ha hecho para esta ocasión?

Lo que quiere transmitir es el color tan característico del flamenco. Lo que suena en ese cartel se comunica a través del movimiento y del color. O es, al menos, lo que he intentado. Y ese va a ser el ambiente que trataremos de llevar el jueves a la Factoría Cultural con Pastora Galván, Esperanza Fernández, Tomás de Perrate, Segundo Falcón y ese maravilloso programa.

¿Música de fondo o silencio?

Música, siempre. Hasta diez géneros musicales distintos puedo escuchar en un día en el estudio. De la clásica al rock y del flamenco al gregoriano. Si no tengo los medios para hacerlo, tarareo, pero la música tiene que estar presente.

Flamenco y mucha «alalá»

«Alalá», en caló, significa alegría. Y eso es lo que hace la fundación que lleva a la felicidad por nombre y que en el barrio de las Tres Mil Viviendas trabaja en pro de la cultura y la integración a través del flamenco: transmitir mucha «alalá». Para los niños, para los mayores, para todos. El festival que ha organizado trae en su segunda edición a figuras elementales del flamenco actual, como los cantaores Tomás de Perrate o Esperanza Fernández, el guitarrista Manolo Franco y la bailaora Pastora Galván, entre otros.
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